Hay pocas cosas que uno no puede amar de la Ciudad de Luz. Pero si tuviera que elegir, aquí están algunas de mis favoritas de mi viaje mas reciente...
Caminar por las calles vacías a tempranas horas
del día, antes de que aparezcan los turistas.
Leer los nombres de todos los amantes que dejaron un
candado en el puente del Notre Dame.
Perdiéndome por sus calles y encontrando uno que
nunca había visto si no (esto fue un hecho bastante frecuente ya que me he dado
cuenta de lo horrible que soy navegando con un mapa)
Viendo las personas pasar sentadas en los jardines Luxemburgo, y riéndonos de los chiquillos con sus palos corriendo alrededor de la fuente para empujar los barquitos.
Cuando un anciano Parisino nos recomendó un buen
vino en la tienda (y que el comprara la misma botella)
Comiendo buen pan y camembert, y apreciando el
vino previamente mencionado, delante de la Tour Eiffel con una increíble puesta de sol.
Conociendo a gente loca de todo el mundo en
el Bal du Pompiers (una fiesta dada por los bomberos de la
ciudad en la Fiesta de Bastille en sus propios estaciones)

"Brunch" en una típica y local café del 17 arrondisement, donde un excéntrico escritor da pautas a una joven, y donde un vecino se beben el café del otro sin querer, y todos se ríen del hecho.
Mi amiga Leah's estilo Parisino
chic, a cualquier sitio que íbamos.
Caminando en bici por la Seine, y esquivando a toda la gente mientras ponen caras graciosas al intentar moverse de nuestro camino.
Caminando en bici por la Seine, y esquivando a toda la gente mientras ponen caras graciosas al intentar moverse de nuestro camino.
Ir a por crepes a medianoche después de que nos antojara uno todo el día.
Viendo las mejores vistas de la ciudad como un crío, en las sillas voladoras de feria.
Intentando conversar en tres idiomas distintos
con nuestros nuevos amigos Brazileños que conocimos en el albergue juvenil, mientras disfrutamos de las Heineken mas caras del mundo!
Haciendo cacería de gangas y encontrando joyas
vintage en el Marche aux Puces Saint Ouen
Picnic en la Louvre, al lado de la Mona Lisa, y riéndonos de todo el resto del mundo que intenta tomar una foto de una simple mujer sonriente a una distancia de 5km.
Viendo al mas gracioso y entretenido actor de calle que he visto en mi vida
(Leah y yo nos reíamos tanto que acabamos llorando)
Siendo transportada a otra época en la tienda de
libros Shakespeare & Co.
Viendo la película de Woody Allen, Medianoche
en París, y saliendo del cine a medianoche... en París.
Disfrutar música en vivo y Sauvignon blanc,
mientras observamos a un músico viajero/turista sacar su guitarra para tocar
con el grupo local.
Oír todo sobre el mejor restaurante de
Francia, Chateaubriand, de nuestro nuevo amigo, apasionado,
Brazileño, que quiere ser chef... disfrutamos de la mejor cuisine francés sin
gastar un duro.
Dejar París con buenas risas, bonitas
memorias, vino delicioso, pies cansados, nuevos amigos, y un inmenso deseo de
volver a esta ciudad sin que tener que marcharme jamas...

















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